La página científica de Ricardo Quit

Yo estaba en el espacio

Amado Nervo (Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz)




I.- Astros


Mira el cielo, amiga mía:
la lejana pedrería
de los astros luce ya;
mira el cielo, amiga mía:
¡hay en él la poesía
ideal del más allá¡

Dulce amiga, mira el cielo:
en su vago terciopelo
sin cesar los soles caen;
esos globos colosales
son ¡manes inmortales
de oro y fuego, que se atraen.

Misteriosa como una
serenata, va la luna
con molicies de mujer,
dibujando, lenta y grata,
su paréntesis de plata
por el vago atardecer.

En el viento Suroeste,
opulento como veste
imperial, a orar invita
Venus, trémula, que arde
como santa lamparita
que al buen Dios prende la tarde...

Alma Venus, quién pudiera
recorrer tu láctea esfera,
Nada importa que suframos,
nada importa que muramos;
en el hondo y ancho tul,
¡nuestra tierra, siempre bella,
es la más azul estrella
del divino cielo azul!

Los amantes de otros mundos
le confían sus profundos
anhelares, en su pos
van los cantos del poeta,
y ella, envuelta en luz discreta,
boga, enorme, augusta, quieta
y gloriosa como un dios...

Mira el cielo, amiga mía:
ya se fue la luz del día,
el ocaso rojo está,
y surgiendo del nocturno
mar, el pálido Saturno,
dios lejano y taciturno,
lenta, lentamente va...

¿No lo sabes? Con sus brillos
lo circundan tres anillos,
triple iris ideal...
¡Ah!, ¡tal vez moran en ellos
mis fantasmas, los más bellos,
en alcázar de cristal!

Nueve mundos lo acompañan,
nueve mundos que lo bañan
en sus luces sin cesar,
y que fingen para él solo
nueve musas de un Apolo
temeroso y singular...

Dulce amiga, mira al cielo,
y en su vasto terciopelo

que en la tarde carmesí
desparrama tal encanto,
para ver si en ella el llanto
corre tanto como aquí...

¡Ah!, también sobre tus cielos
invadidos por los vuelos
de las nubes en tropel,
nuestro mundo vil fulgura
difundiendo luz tan pura,
que ninguno se figura
que se pene tanto en él...

Mientras reinan en la tierra
pestes, hambres, odios, guerra
y tan arduo es el vivir,
contemplada desde lejos
es un astro de reflejos
de oro y pálido zafír.

Mientras duros e inhumanos
se atormentan los hermanos,
nuestro mundo, en la extensión,
a los ojos de otros astros,
es un orbe de alabastros
y turquesas en fusión...

otro globo encontrarás:
rey coloso del abismo,
al cual pule un cataclismo
formidable y pertinaz...

Es el Júpiter tonante
de los mitos, el gigante
del sistema, en formación;
en él pugnan cual titanes
terremotos y huracanes,
sacudiendo el vasto embrión.

Dulce amiga, ya miraste
el azul, ya contemplaste
su milagro de zafir:
ven ahora con tu dueño:
tuve anoche un raro sueño
que te voy a referir...


II.- Yo estaba en el Espacio



Yo estaba en el espacio.
¿En qué punto? ¡Quién sabe!
El espacio es un circulo
cuyo centro se halla en todas partes
y su circunferencia
en ninguna.
Yo estaba en alma y carne
en el espacio, libre y poderoso
como un ángel.

En mi torno bogaban las estrellas,
las estrellas gigantes,
como una imponderable flota de oro
incendiada, en un mar imponderable.

Recuerdo de dos soles,
verde el uno y el otro blanco; errantes
el uno eternamente en pos del otro,
buscándose los dos sin encontrarse.
¡Qué esmeralda!
¡Qué diamante!
¡Qué milagro de blancuras impolutas!
¡Qué prodigio de verdes ideales!

~

Recuerdo de un cometa
enorme, de verdosas tenuidades,
cuya cauda tenia
la forma de un alfanje
y que, bohemio sideral, cruzaba,
ingrávido, las noches inmutables,
sembrando acaso gérmenes de vida
en planetas distantes.

Y recuerdo de un sol sin sistema,
solitario coloso radiante,
que alumbraba tan solo el vacío,
como fuego ya inútil, que arde.

Y recuerdo de soles extintos,
que en siniestro enjambre,
arrastraban sus negros planetas
en donde pensaron las humanidades...
¡Sus negros planetas helados!
¡Sus negros planetas cadáveres!

¡Oh!, no sé cómo estoy vivo ahora
después de ese viaje;
¡no sé cómo me atrevo a escribirlo!
Rojo padre Dante,
¡tú no viste las cosas tremendas
que me fue dado ver, rojo Padre!

~

Surgió una voz de pronto, que me dijo:
"¡Detente!"
(Surgió dentro de mi alma porque el espacio
es mucho.)
Y me detuve lleno de horrores, y mi mente
quiso exhalarse en una plegaria, mas no
pudo.

"¡Detente, un sol avanza por su órbita. Pudiera
cruzarse con tu ruta la línea misteriosa
que sigue, y como pluma que cae en una
hoguera,
como perla de ámbar, como gota de cera,
fundir tu. cuerpo en esa fotosfera espantosa!"

~

La estrella, en tanto, crecía,
y a medida que avanzaba,
el infinito invadía
y se desredondeaba
en tremendas explosiones,
en inmensas convulsiones;
y yo, viéndola, inmóvil estaba.

Pronto mi ángulo visual
fue a la estrella tangencial
y aprecié la mole aquella:
¡Cuán terrible, mas cuán bella!
¡Oh, cuán bella era la estrella
roja dalia sideral!

Me olvidé de mis temores
ante aquella portentosa
visión, y cual mariposa
que enloquecen los fulgores,

quise mis alas quemar
en el inmenso crisol,
en su pos quise volar...
Mas, ¡ay!, al irlo a intentar
¡ya había pasado el sol!


Un dios misterioso y fuerte,
que, como juglar divino,
en el éter se divierte,
lanza y recibe contino
sus enjambres de cometas,
de soles y de planetas
en perenne torbellino.

Y a tales juegos y a tal
torbellino, la ilusión
de un inglés original
llamó la Ley de atracción
de atracción universal.
Mas yo que ese juego vi,
yo que al juglar admiré,
raro canto le ofrecí,
más raro libro pensé:
y el canto... ¡lo traigo aquí!
y el libro... ¡Lo escribiré!

Yo estaba en el espacio




2012/03/01
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